Guerrero imbatible

Sombras en el asfalto, huellas perdidas mezcladas con los recuerdos de un ayer cercano, marcado por el vigor, la fuerza sin medida y los límites por descubrir.

Rojo… pasión, ira, seducción, desenfreno… ese color presente en nuestra vida de una u otra manera que polariza nuestro devenir.

Espartano, tosco, poderoso, brutal. Así es nuestra criatura, nacida a principios de los años 80, que buscaba saciar las ansias de victoria de una marca mítica ya, y que era la evolución de uno de sus modelos más característicos y populares.

Lo primero de lo que uno se da cuenta al estar frente a él es de la inmensa sensación de fuerza y poder que emana, a través de su silueta, engordada como si de un guerrero listo para la batalla se tratara. Engendrado para ser leyenda y quedar grabado a fuego en la memoria de todos aquellos que lo hayan visto batiéndose en combate.

Todo en él es exagerado: su armadura con el ancho de vías, la garganta de sus llantas, su novedoso alerón, su combinación de colores negro y rojo. Todo en él infunde respeto. Y su corazón desbocado y ágil es capaz de soportar cualquier embestida de sus rivales, sin amedrentarse, haciendo de este coche, junto con su bajo peso y su tracción trasera, la perfecta máquina matagigantes.

A través del tiempo nuestro oído se hace fino, llegando un momento en el que sabe distinguir si merece la pena girar la cabeza, buscando de dónde procede el sonido, ese respirar que denota la presencia de un ser glorioso, digno de respeto y admiración.

Qué decir? Tiene todo lo que se necesita para cautivar cuando se está frente a él, sin moverse, deleitándonos con su ronroneo al ralentí, concentrado para la siguiente batalla.

Estar en su interior hace que uno recuerde el significado de la palabra pilotar. Es como estar en casa: uno sabe cuándo se lo va a pasar bien, no hace falta preguntar. Siempre a la derecha, ese barrido inicial que te empuja hacia el campo donde se forja la leyenda, asfalto, curva tras curva, contemplar esos rostros a través del retrovisor, al borde de la lágrima, ese olor a goma quemada y gasolina que inunda el interior, sin final, todo potencia, en busca de más y dejando atrás a sus competidores.

Entregado, único, noble y desbocado, este es nuestro guerrero. Imbatible a lo largo de los años.

Y luego, la calma, velando armas para el siguiente reto.

… sombras en el asfalto, huellas perdidas mezcladas con los recuerdos de un ayer cercano…

Turbo 2.